
“En un mundo marcado por divisiones, conflictos y fracturas personales, la Cuaresma aparece como un tiempo de gracia para permitir que el Señor sane lo que está herido”, señaló Monseñor Alberto Lorenzelli en la Misa de Miércoles de Ceniza.
Una delegación de la casa central de la Red Educacional Santo Tomás de Aquino asistió y participó en la Santa Misa de Miércoles de Ceniza, el pasado 18 de febrero, en la Catedral Mettropolitana. El grupo fue encabezado por nuestro director ejecutivo, don Julio Bascuñán.
La celebración eucarística fue presidida por monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar de Santiago y presidente del Directorio de nuestra institución, quien en su homilía destacó que Cuaresma no solo nos llama a “un simple cambio exterior, ni un gesto pasajero”, sino que una invitación profunda y amorosa a volver a Dios con todo lo que somos
“Rasgad los corazones, no las vestiduras”, recordó el obispo, explicando que la conversión no es “maquillaje espiritual” ni apariencia religiosa, sino permitir que Dios toque nuestras heridas, incoherencias y zonas oscuras. Una transformación que nace de la confianza en un Dios “compasivo y misericordioso”
“Déjense reconciliar con Dios”
A partir de las palabras de san Pablo, monseñor Lorenzelli enfatizó que la iniciativa de la reconciliación siempre es de Dios: "En un mundo marcado por divisiones, conflictos y fracturas personales, la Cuaresma aparece como un tiempo de gracia para permitir que el Señor sane lo que está herido. El pecado no es una palabra antigua; es una realidad que hiere personas y estructuras”, señaló.
Sin embargo, recordó que la esperanza cristiana se funda en el don de Dios en Jesucristo, que abre la posibilidad de un corazón nuevo y de un mundo nuevo. “No mañana. No cuando todo esté resuelto. Ahora es el día de la salvación”
Una fe que se vive en lo escondido
Al comentar el Evangelio, monseñor Lorenzelli invitó a vivir las prácticas cuaresmales desde la interioridad y no desde la apariencia. La oración, el ayuno y la limosna no son “una competición espiritual”, sino caminos concretos para ensanchar el corazón y hacer espacio a Jesús Resucitado. “Dios no necesita demostraciones públicas. Busca el corazón”, afirmó,.
Cuatro caminos hacia la Pascua de Resurrección
En la parte final de su reflexión, el obispo destacó los caminos que propone la Iglesia para este tiempo: la oración como diálogo amoroso con el Padre; el ayuno como liberación de la obsesión por el propio bienestar; la limosna como gesto concreto de compartir; y la escucha, como disposición fundamental para entrar en relación con el otro.
Fuente. Comunicaciones Iglesia de Santiago, Área de Comunicaciones Red Educacional Santo Tomás de Aquino
