
Obispo Auxiliar de Santiago y presidente del directorio de la Red Educacional Santo Tomás de Aquino llamó a renovar el compromiso de ofrecer una educación de excelencia a nuestros estudiantes, en la Misa del 156° aniversario de la institución.
“Todos somos parte de una misma misión. Todos construimos comunidad. Todos somos responsables de ofrecer una educación armoniosa y de calidad, donde nuestros niños y jóvenes puedan crecer integralmente: en el pensamiento crítico, en relaciones sanas, en el respeto mutuo y en el deseo de aportar al bien de nuestro país”, dijo monseñor Lorenzelli durante la emotiva eucaristía con la cual se celebraron los 156 años de existencia de la institución, creada el 21 de abril de 1870.
A la Misa aniversario asistieron delegaciones de los 8 colegios de la Red Educacional Santo Tomás de Aquino, encabezada por el rector/ra respectivo,Igualmente, participaron autoridades de la istitución, encabezadas por el dirfector ejecutivo, don Julio Bascuñán.
Profunda gratitud
A continuación, el texto completo de la homilía de monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar de Santiago y presidente del Directorio de la Red Educacional Santo Tomás de Aquino-
“Querida comunidad educativa de la Red Santo Tomás de Aquino:
Hoy nos reunimos con gratitud profunda para celebrar 156 años de vida, de historia compartida, de siembra fecunda. No es poco lo que ha pasado por estas aulas y patios: generaciones enteras que no solo han aprendido contenidos, sino que han sido formadas como personas, con pensamiento, con conciencia y con corazón.
Esta historia tiene un origen claro y luminoso: el carisma de Santo Tomás de Aquino. Él nos enseñó que la fe y la razón no se oponen, sino que se iluminan mutuamente. Nos invitó a buscar la verdad con humildad, a pensar con profundidad y a vivir con coherencia. Ese espíritu sigue vivo hoy, no como recuerdo del pasado, sino como una tarea actual, urgente, necesaria.
La Palabra de Dios que hoy contemplamos, con la conversión de San Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, nos muestra que Dios sigue actuando en la historia y en la vida concreta de las personas. Pablo, que perseguía, es transformado; el que caminaba en una dirección equivocada, es detenido por la luz de Cristo. Y desde ese encuentro, su vida cambia radicalmente.
Esta escena nos interpela como comunidad educativa: también nosotros estamos siempre en proceso de conversión. Educar no es solo transmitir saberes, sino dejarnos transformar para poder acompañar a otros. No basta enseñar; es necesario dar testimonio. No basta organizar; hay que amar lo que hacemos y a quienes servimos.
Por eso, hoy renovamos nuestro compromiso: directivos, docentes, administrativos y asistentes de la educación, padres y apoderados. Todos somos parte de una misma misión. Todos construimos comunidad. Todos somos responsables de ofrecer una educación armoniosa y de calidad, donde nuestros niños y jóvenes puedan crecer integralmente: en el pensamiento crítico, en relaciones sanas, en el respeto mutuo y en el deseo de aportar al bien de nuestro país.
Muchos de nosotros conocemos —o somos— educadores así. Profesores que llegan antes que todos y se van después, asistentes de la educación que cuidan, acompañan y contienen, directivos que sostienen comunidades enteras en momentos difíciles. Recuerdo el testimonio de una profesora que decía: “Yo no pude cambiar la historia de todos mis alumnos, pero sí procuré que ninguno pasara por mi sala sin sentirse valioso.” Esta frase resume el Evangelio: “Ámense como yo los he amado.” Amar en educación es mirar al estudiante no por lo que rinde, sino por lo que es; no por sus límites, sino por su dignidad. Muchos educadores entregan su vida sin aplausos, sin reconocimientos visibles, pero con una fecundidad inmensa. Esa entrega silenciosa es una forma concreta de dar la vida por los amigos, como nos pide Jesús.
En este tiempo que vive el mundo, también hacemos nuestra la oración de la Iglesia, unidos al Papa León XIV, pidiendo una paz “desarmada y desarmante”. Una paz que no se impone por la fuerza, sino que nace del corazón transformado. Y esa paz comienza en nuestras comunidades educativas: en cómo nos tratamos, en cómo resolvemos los conflictos, en cómo educamos para el diálogo y la fraternidad.
Querida comunidad: 156 años no son solo un número, son una misión que continúa. No podemos vivir de la inercia del pasado. Estamos llamados a mantener viva esta historia, a proyectarla con esperanza, a seguir construyendo un proyecto común que tenga sentido, que forme personas libres, responsables y comprometidas.
"La parábola del lápiz"
Un fabricante de lápices tomó un lápiz justo antes de meterlo en su caja, y le dió unos consejos.
- Le dijo: Hay cinco cosas que debes saber antes que seas enviado al mundo. Siempre recuérdalas y serás el mejor lápiz del mundo. Las cinco cosas son las siguientes:
Esta parábola puede ayudarnos a comprender que cada uno de nosotros somos personas especiales, con habilidades y talentos únicos. Todos necesitamos afilarnos constantemente para cumplir con nuestros propósitos. Nunca tenemos que dejarnos vencer por el desaliento y, como el lápiz, debemos recordar siempre que la parte más importante de lo que somos está dentro nuestro.
Antes de terminar quisiera agradecerles por su delicada y comprometida labor docente. En nombre de toda la red educacional Santo Tomás de Aquino, Dios les pague por todo el bien que hacen a nuestros colegios, a nuestros alumnos y alumnas y a nuestra amada Iglesia.
Que el Señor nos conceda la gracia de una constante conversión, como la de Pablo. Que nos dé la sabiduría de Tomás para buscar la verdad. Y que nos sostenga en la fidelidad cotidiana, educando con el corazón y con la vida. Que Dios los bendiga. Amén.
Fuente: Red Educacional Santo Tomás de Aquino

